A veces la vida pesa más de lo que mostramos.
Normalmente no nos damos cuenta porque estamos metidos de lleno en “tirar del
carro” en muchos aspectos y sabemos que, si paramos, todo se paralizará o
simplemente no seguirá al ritmo adecuado. Y decidimos seguir con la sonrisa bien
puesta y el pecho erguido, como si nada pudiera tocarnos, pero por dentro llevamos
grietas que solo se sienten en silencio.
Sonríes, acoges, cuidas, permites que los de tu alrededor se apoyen en tu hombro y
regalas tiempo y dedicación. Y eso lo mantienes durante meses e incluso años.
Intentas entender acciones y comportamientos, en algunos casos justificarlos y como
una norma aprendida, te crees que tú no puedes parar porque eres la pieza principal
de un engranaje de los que todos dependen.
Ser vulnerable da miedo, es quitarse la armadura, es aceptar que también
necesitamos un espacio donde podamos descansar de esas batallas que, aunque
pequeñas, libramos todos los días.
Pero de repente la vida te sorprende y pone en tu camino a alguien que, sin promesas
ni palabras vacías, te regala algo sencillo pero valioso: un abrazo que no exige, que no
pregunta, que no juzga. Un abrazo de esos que te sostiene, pero no intenta arreglarte
y que simplemente te deja ser tú misma y respirar sin prisas soltando el peso del
mundo a cada exhalación.
Y te das cuenta de que tus preocupaciones son importantes, que tus miedos no son
demasiado, que puedes reír con libertad y ser tú misma sin consecuencias, esos
brazos son un hogar donde te sientes vista, comprendida y segura. Donde lo tuyo no
se minimiza. Y comprendes que sentirte vulnerable no es malo, es humano y que por
supuesto, tienes todo el derecho de sentirte así.
Todos somos vulnerables, y no deberíamos castigarnos por ello. Pero quizás lo que si
deberíamos tener en cuenta es ante quién lo somos para que luego no lo utilicen en
nuestra contra. Escoger a las personas que nos acompañan en las sombras es tan
importante como escoger a quién abres tu corazón. Son actos que no se deben
ofrecer a cualquiera.
La vulnerabilidad es profundamente Offbeat. En un mundo donde se prefiere lo pulido,
lo perfecto y lo predecible, mostrarse real es la mayor rebeldía. Atrévete a salirte del
guion y muestra lo que otros esconden para sentirte más real que nunca. Preséntate
con fallos, con dudas, pero con brillo propio.
Ser Offbeat no es solo distinguirse por fuera con unas de nuestras prendas, es tener
el coraje de ser honesto por dentro.
Cuando la mochila pesa demasiado