Cuando la mochila pesa demasiado

Hoy en día parece que todo tiene que salir bien a la primera. Vivimos con la sensación
constante de que debemos acertar siempre, sin margen para equivocarnos, probar o
rectificar
Esa presión, silenciosa pero persistente, nos obliga a movernos con miedo y no con
curiosidad. Pero si nunca falláramos ¿cuándo aprendemos realmente? ¿cómo
podríamos comparar, ajustar el rumbo y saber que lo que elegimos es además de lo
que queremos, lo que nos conviene?
Las equivocaciones son necesarias y no debemos verlas como fallos o fracasos sino
como aprendizajes. Y creo personalmente que es un lujo acumular experiencias que
nos ayuden a crecer y a distinguir en un futuro lo que es mejor para nosotros.
Ayer volvió a mis manos, por casualidad, la fábula china “Buena suerte, mala
suerte…quién sabe”. Y me recordó lo mucho que se parece a la vida. Nos empeñamos
en etiquetar todo de inmediato como “bueno” o “malo”, cuando en realidad las
consecuencias a largo plazo son inciertas. Lo que hoy duele, mañana puede abrir una
puerta. Lo que hoy celebramos, mañana puede enseñarnos que no era lo que
necesitábamos.
Por eso es tan importante aprender a mirar con distancia. Respirar antes de juzgar.
Mantener la perspectiva y ser pacientes ante los giros inesperados que nos ofrece la
vida y tener en cuenta que todo pasa por algo y que ese “algo” solo cobra sentido si
sabemos aprovecharlo y convertirlo en crecimiento y no en obstáculo.
Al final, mirar la vida con perspectiva también es una forma de vivirla Offbeat, fuera
del ritmo que dicta la prisa, el juicio inmediato y la presión por acetarlo todo a la
primera.

Elegir un camino propio lleno de errores, sorpresas y aprendizajes que no nos haga
olvidar que no estamos aquí para seguir un guion, sino para vivir a nuestra manera.